lunes, 27 de abril de 2015

El arquetipo de la Sombra y el mecanismo de proyección

El arquetipo de la Sombra, definido por Jung, se refiere a todo aquello que vamos ocultando, evitando y escondiendo tanto de nuestra propia mirada como de la mirada exterior. Engloba una cantidad y tipo de características, rasgos o comportamientos muy variables según la persona y la época vital. Todas las personas nacemos completas y libres, pero la cultura y la educación nos exigen que sólo expresemos parte de nuestra naturaleza y releguemos o reprimamos otras facetas de nuestra humanidad. A un nivel psicológico la sombra es todo lo que hemos arrojado al inconsciente por temor a ser rechazados por las demás personas o por la sociedad: experiencias dolorosas, emociones negativas, pensamientos socialmente diferentes, renuncias a amores, trabajos o amistades, malas acciones que hemos realizado y de las que no queremos hacernos responsables, duelos no resueltos, sueños, aspiraciones o inquietudes no atendidas...

La sombra en sí misma no es un problema siempre y cuando la persona pueda reconocerla, mirarla a los ojos y asumirla como parte de sí misma. Pero no es fácil reconocer, mirar e integrar rasgos y experiencias negativas como parte de nosotros. Y cuando la sombra no es integrada ni comprendida, cuando la negamos o la rechazamos, ella se vuelve más y más grande... buscando que la reconozcamos como parte nuestra. El ser humano necesita reconocer su totalidad, y si hay una parte reprimida o ignorada su energía psíquica buscará la integración hasta poder conseguirla, por desagradable que nos pueda resultar asumirlo.

Si se lucha contra la sombra, se manifestará primero a nivel interno a través de sueños, pesadillas, inquietud emocional, o cualquier otro tipo de malestar psicológico. Si aún así se rechaza o se niega, empezará a manifestarse a nivel externo. Entonces ocurre la proyección. Las cualidades negativas que no podemos ver en nosotros/as, empezamos a verlas y criticarlas en los demás. Es un mecanismo de nuestra psique que está actuando a modo de espejo mostrándonos fuera lo que no hemos visto dentro. Normalmente cuando la persona no puede asumir algunas características en sí misma las atribuye a los demás, esto es, que las proyecta en los otros. Así podemos ver reflejados nuestros propios defectos, bloqueos o limitaciones en las actitudes negativas que adoptamos hacia los que nos rodean. Cuando los prejuicios, el odio y la crítica exacerbada nos impiden relacionarnos cordialmente con los vecinos, con las personas de otras ideologías o religiones, con la familia, con otros partidos políticos... ahí estamos viendo en directo a la sombra actuando como una parte no integrada de la conciencia.

«La figura de la sombra personifica todo lo que el sujeto no reconoce y lo que, sin embargo, una y otra vez le fuerza, directa o indirectamente, así por ejemplo, rasgos de carácter de valor inferior y demás tendencias irreconciliables». C. G. Jung. 

Un ejemplo es el de alguien que haya tenido que reprimir sus naturales instintos sexuales por una presión social o religiosa. Esta persona padecerá primero un intento interno de asimilar y reconocer sus tendencias naturales a través de sueños, malestar emocional o cualquier tipo de aviso interpsíquico. Si se obvian las señales internas de la contradicción, más adelante esta persona empezará a criticar duramente y de manera constante cualquier atisbo de disfrute sexual en los demás, y probablemente en una o varias personas en concreto que estén viviendo su sexualidad de manera libre. También nos encontramos con frecuencia el caso de alguien que ha vivido una vida guionizada desde fuera y ha renunciado a seguir sus sueños, y de pronto se encuentra enfrentándose y atacando a algunas personas de su entorno que estén viviendo y disfrutando la vida que quieren, y que son felices haciéndolo todo a su modo. Para quien está proyectando a su sombra , empiezan a existir personas, actos o situaciones que cada poco tiempo "les sacan de quicio" incontrolablemente, y además esta reacción a otra gente de su entorno les suele parecer desmedida o irracional. ¿Qué ha ocurrido aquí? ¿Por qué ese odio y reacción exagerada? Se ha puesto en marcha el mecanismo de proyección, y ahora la persona está enfrentándose a su propia represión, pero a través de alguien externo. Es como si criticara su propio reflejo en un espejo pero sin darse cuenta de que es a ella misma a quien está enfrentándose. Ve en el otro directamente a su propia sombra, (como su deseo sexual y sus ganas de disfrutarlo, o su libertad y autonomía personal) pero como a ella le es algo prohibido lo rechaza, lo odia y lo agrede verbalmente y energéticamente. Realmente está agrediendo a una parte de su propia naturaleza, aunque todavía no se ha dado cuenta.

A medida que esta persona insulta a su propia oscuridad vista en otro ser, su energía consciente se debilita, y crece su odio inconsciente por su propia sombra, a la vez que crece una culpa irracional, crece una ira delirante y crece la vergüenza no asumida de si mismo. Lo que no asumes en ti mismo/a, tu alma te lo presenta en el exterior para que puedas verlo, resolverlo y aceptarlo en paz. Cosas que has hecho y de las que te arrepientes, defectos, malas acciones, impulsos que consideras negativos, renuncias vitales importantes, rupturas traumáticas, errores relevantes que has cometido pero que nunca has aceptado, perdones que no has pedido... todo ello necesitas reconocerlo para sentir tu totalidad, tu Ser completo... y aceptarlo, y aceptarte. El fin último de estos mecanismos es restaurar tu equilibrio interno. Se presentan como una oportunidad de oro para ayudarte a resolver conflictos internos, a ser feliz, a perdonarte y a vivir en paz. Es como si tu inconsciente te dijera: "Bien, ya veo que no puedes verlo en ti mismo/a.  Voy a mostrártelo fuera para que lo veas delante. Mira a partir de hoy en los demás lo que tú estás reprimiendo, odiando o negando en ti. Luego, acéptalo e intégralo y ten paz."

Sabiendo esto, nuestras reacciones viscerales hacia determinadas personas o actitudes se convierten en un valiosísimo indicador de nuestras carencias internas, y a la vez en una guía perfecta de lo que estamos necesitando para equilibrarnos y tener paz en nuestro interior y en nuestro exterior. ¿Hacia que acciones, personas o situaciones reaccionas con odio o ira desmedidos? ¿Que cosas, que personas "te sacan de quicio"? ¿Con que tipo de personas o actitudes problemáticas pareces encontrarte una y otra vez en tu vida? ¿Qué envidias profundamente en los demás? ¿Que rasgos tuyos ocultas o no te gusta mostrar? ¿Qué odias en los demás? ¿Que clase de gente te provoca enfado o incomodidad? Todo esto es un excelente punto de partida para la aventura maravillosa de ir a conocer, a escuchar y a hacerte amigo/a de tu propia sombra.  Otra pista: distintos autores señalan que en ocasiones tenemos tendencia a proyectar la sombra en el sexo opuesto, especialmente con aquellas características que nos resulten más desagradables o que lleven mucho tiempo negándose. Probablemente sea así porque es una manera de apartar más la sombra de nosotros y de que nos resulte más difícil identificarnos con ella, como una manera de protegernos de aquello que queremos rechazar. Es una forma más de escenificar el conflicto entre la parte oscura que quiere ser reconocida y la que desea negarla. Pero si entras sin miedo a conocer esa parte de ti, descubrirás que no es necesariamente algo negativo ni malvado... si no una parte más de ti: humana, frágil, vulnerable, llena de posibilidades de hacerte crecer... y tan real como tu parte positiva y aceptable. 


Que la sombra se convierta en nuestro amigo o en nuestro enemigo depende de nosotros mismos. La sombra se hace hostil sólo cuando es negada, reprimida o mal comprendida, por lo que no es un enemigo. Conocer y aceptar nuestra propia sombra es una importante aventura, y gracias a ello se desarrolla la consciencia y se alcanza la plenitud y la totalidad de nuestro ser. Para integrar nuestra sombra es preciso integrar sus contenidos en una imagen más global y completa de nosotros mismos, y no solo eso, sino que además a veces va a requerir asumir responsabilidades que no habíamos asumido, perdonar, soltar, o hacer algún otro trabajo emocional pendiente. Todo esto nos ayudará a aumentar nuestro conocimiento y aceptarnos como somos, liberarnos de la culpa y la vergüenza, sanar nuestras relaciones con los demás... 

La experiencia terapéutica nos muestra una y otra vez que cuando la persona hace el trabajo de conocer, aceptar y tomar su propia sombra para acogerla en su Ser, ésta se vuelve una potente y creativa parte de la persona, una fuerza maravillosa. La persona recupera la paz, tanto dentro de si como en sus relaciones con los demás, y puede tener una perspectiva global y completa de sus fuerzas y debilidades. La culpa se mitiga, la ira se atenúa, y se llega a un equilibrio vital muy gratificante. Por fin la persona se siente completa, por fin se reconoce como luz y sombra, como positivo y negativo, como una cualidad y su contraria, en un mundo interno en el que están todas las posibilidades, un mundo interno de totalidad. Y esta aceptación empieza a traer paz y plenitud, y nos lleva un escalón más arriba en nuestro camino hacia la autorrealización. No hay palabras para describir el sentimiento de plenitud que conlleva volver a acoger en "casa" a una parte nuestra que estuvo fuera durante tanto tiempo.

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