lunes, 18 de febrero de 2013

Psicología de la corrupción


    La corrupción puede definirse como una manipulación o una transgresión encubierta de las normas que rigen una organización, con vistas a lograr un beneficio privado. La corrupción es una lacra social muy extendida en ciertos ámbitos, especialmente en política y grandes empresas u organizaciones. Los casos de sobornos a autoridades para, por ejemplo, lograr la concesión de un contrato a una empresa concreta, o la autorización a otra para edificar en lugares donde no se podría, son, por desgracia, noticia común en los medios de comunicación casi todos los días. Otro de los conceptos incluido dentro de la corrupción, a nivel ciudadano también, es el de fraude fiscal. Se trata de dejar de pagar los impuestos cuyo pago corresponde legalmente, tanto a ciudadanos/as como a políticos/as y empresas. Por desgracia, la evasión de impuestos y la facturación "en negro" es actualmente una práctica generalizada en este país, debida en gran parte a la falta de conciencia pública, ya que los ciudadanos se sienten explotados, timados y robados por el estado, y esta percepción se ve socialmente reforzada y aceptada, lo que hace que no exista presión social para pagar los impuestos correspondientes, habiendo en ocasiones incluso una percepción ciudadana de que defraudar es algo lícito y aceptable.
Desde hace años, la psicología trata de explicar por qué una vez que se encuentran en el poder, much@s polític@s tienden a considerarse como intocables, llegando a pensar incluso en algunos casos que están muy por encima de las leyes humanas, e incluso de toda ética y moral. En estos casos, se habla de que tienden a desarrollar lo que se ha llamado "psicología de la corrupción", que se basa fundamentalmente no sólo en ese sentimiento de intocabilidad, sino en una marcada falta de ética y moral.



TIPOS GENERALES DE CORRUPCIÓN:


-Corrupción tipo 1: La corrupción del soborno y el cohecho, del “te doy esto a cambio de eso” es la que la ley combate desde hace siglos. 
-Corrupción tipo 2: es la corrupción consistente en la creación de ciertos lazos y dependencias entre el representante político y los lobbistas, grupos de presión o categorías socioeconómicas detrás de la financiación de los candidatos. Estos lazos moldean y recompensan la toma de decisiones del representante político. 
-Corrupción tipo 3: La falta de confianza en las instituciones de gobierno y en particular la creencia cierta en su ineficacia de cara a gestionar los principales problemas políticos, lleva al desentendimiento de la ciudadanía respecto del proceso democrático, pudiendo repercutir en ocasiones en una retroalimentación sobre el proceso de distracción y distorsión en el trabajo de los representantes políticos. La coyuntura parece pues llamar a una profundización del desinterés como programa político. 


PSICOLOGÍA DEL CORRUPTO/A

     Según Guillermo Acosta -que basa sus teorías, principalmente, en el psicólogo estadounidense Theodore Millon-, los corruptos son personas con alguno de estos dos tipos de trastorno: narcisista -definido como egoísta- o antisocial -definido como fanfarrón-. Ambos, identificados por la inclinación a centrarse en sí mismos como fuente para satisfacer sus necesidades. Los primeros, convencidos de que son superiores a los demás; los segundos, guiados por la necesidad de mostrar esa superioridad.
"Son características que los llevan a no considerar al otro -explica Acosta-. Se trata de personas explotadoras, abusivas, que en su dinámica mental no tienen en cuenta la ética global". 
El de tipo antisocial no acepta la culpa, quizá llegue a sentir vergüenza al verse expuesto al escarnio público, pero no arrepentimiento. En cuanto al narcisista, es alguien tan encerrado en sí mismo que pasa sin detrimento por encima de los demás.

        Se trata además de personas que desconocen por completo la importancia de los valores éticos, morales y cívicos, y sus conductas solamente responden a sus propios deseos, a satisfacer su YO. Esta forma de actuar es semejante a la de los niños/as en sus fases morales más tempranas, cuando todavía no saben diferenciarse a sí mismos del resto del mundo y por lo tanto no tienen en consideración las consecuencias desastrosas que sus acciones tienen para los demás.  Así, carecen de lo que se llama moral autónoma (respetar las leyes y poseer ética propia, sin que ésta dependa de premios o castigos externos), y se mueven exclusivamente según una clase de moral heterónoma (el único freno que pueden tener es el miedo al castigo, a normas  y a consecuencias que vienen de otras personas fuera de él, es el tipo de conducta moral que puede tener un niño/a de 5 años).

      Por otra parte, está la sensación de invulnerabilidad percibida que tienen estas personas: creen que nunca van a ser descubiertas y juzgadas, y menos todavía, condenadas por sus actos. Siente que sus actos negativos no tendrán consecuencias negativas para ellos/as, por lo que actúan sintiéndose libres y en ocasiones incluso de manera imprudente o haciendo alarde de sus   fraudes, negocios ilícitos y adquisiciones. Si añadimos a ésto que muchas veces la justicia está muy influenciada por las normas que impone el propio político/a corrupto/a, tenemos un caldo de cultivo ideal para aumentar esta sensación de que sus actos ilícitos quedarán sin castigo. 


     Y otra circunstancia que fomenta la corrupción,es el colectivismo, es decir el predominio de estructuras organizativas en las cuales se potencia la interdependencia y las responsabilidades compartidas, en lugar de favorecer las responsabilidades individuales. Esto implica que una persona inmersa en un colectivo como un partido político, gobierno o empresa, sienta que si delinque, la responsabilidad es de la empresa o colectivo entero, nunca de ella sola. Esta difusión de la responsabilidad hace que aumente la sensación de invulnerabilidad y de que sus actos no tendrán consecuencias punitivas. Además, si en esa institución la corrupción está normalizada y aceptada, los miembros observarán y aprenderán que la corrupción reporta beneficios y nunca tiene consecuencias negativas, ya que "todos hacen lo mismo aquí dentro y nunca les pasa nada." Aquí actúa en parte el pensamiento grupal, el hecho de pertenecer a un grupo acaba provocando en el individuo que asuma sus comportamientos y normas implícitas para sentirse aceptado/a e integrado/a en su grupo, ya que la necesidad de pertenencia y aceptación dentro de grupos sociales constituye una necesidad muy fuerte en el ser humano. En algunos estudios realizados en diversos países, el colectivismo aparecía como el factor más correlacionado con la corrupción.

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Obviamente, la corrupción tiene gravísimas consecuencias a nivel social, a largo y medio plazo. Para evitar la corrupción en estamentos políticos y gubernamentales, se han propuesto algunos mecanismos básicos que, de llevarse a cabo, harían tremendamente difícil que la lacra de la corrupción se instalase y pudriese económica y moralmente a países y a sociedades enteras:

1. Educación ciudadana y formación de líderes en una ética y moral intachables.
2. Fortalecimiento de la democracia participativa.
3. Vigilancia política y justicia efectiva.
4. Expedición de leyes que efectivamente prevengan la comisión de actos corruptos.
5. Creación de entidades que estudien y hagan efectivas las estrategias para prevenir la corrupción.


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