miércoles, 22 de junio de 2016

El síndrome de la rana hervida. Cómo dejar situaciones que nos hacen sufrir

“Si echamos una rana dentro de un cazo de agua hirviendo veremos que salta instintivamente fuera de él pero, si la metemos en un cazo de agua fría y vamos aumentando gradualmente la temperatura, no se dará cuenta de lo que ocurre hasta que sea demasiado tarde.”
Daniel GolemanThe New Leaders/Primal Leadership
¿Has aguantado en algún momento una situación (relación, trabajo, circunstancia vital, amigos...) hasta un límite en el que ya has estallado o has estado a punto de hacerlo? ¿Te reconoces a ti mismo/a repitiéndote una y otra vez cosas como "es normal que me traten así...", "es lógico aunque no me guste que me hagan quedarme a trabajar hasta más tarde...", "tengo que aguantar un poco más...", "seguro que esto cambiará en un futuro...", "esto es lo normal, tiene que ser así, me está haciendo daño pero no pasa nada...". Probablemente todas las personas hemos pasado por el "síndrome de la rana hervida".
Veamos en qué consiste este mecanismo psicológico. Su nombre y su explicación se basan en un experimento clásico de fisiología que se llama "El Fenómeno de la Rana Hervida", que consiste en que si se  pone una rana en una olla con agua fría, y se va calentando poco a poco, a razón de 0,02 grados por minuto o menos, la rana no percibe los cambios de temperatura, se va adaptando al calor, por lo que no lo detecta como una amenaza, y finalmente muere achicharrada sin tratar de escapar. Sin embargo, si la rana entra en el agua ya hirviendo, directamente salta para escapar. 
Extrapolando este fenómeno a la psique humana, se ha encontrado que las personas reaccionamos de manera similar a esa rana en algunas ocasiones, y somos capaces de aguantar y aguantar situaciones que nos van desgastando, quitando la energía y quemando, y vamos poniendo mil excusas ante situaciones que nos hacen daño y nos van sumiendo en la ansiedad, la depresión o  la desesperanza.  Vamos asumiendo hábitos, conductas o pensamientos que nos alejan de la felicidad, de nuestros sueños y objetivos vitales, y todo ello sin darnos cuenta. Ofensas aisladas, faltas de respeto espaciadas en el tiempo, sensaciones diarias o intuiciones de que no estamos haciendo lo que deseamos, malestar moderado físico o psicológico... son como esas pequeñas subidas de calor a las que la rana se acostumbra, las obvia, o no puede sentirlas, hasta que finalmente es tarde. Si nos vemos sumergidos/as repentinamente en un ambiente muy dañino  o tóxico, veremos enseguida las señales y huiremos, pero si ocurre de manera progresiva, sutilmente y poco a poco, es cuando puede ocurrir este problema. El miedo, el conformismo, la falta de determinación y la comodidad son como el agua que nos va hirviendo sin darnos cuenta. Pensamos que es lo normal, que nada va a a cambiar o que no tenemos ninguna otra opción en la vida que esa. Y mientras nos repetimos un día y otro día todo ello, vamos quemándonos por dentro sin darnos mucha cuenta. Lo habitual es que con el tiempo, si somos capaces de salir del agua caliente, miraremos atrás y nos preguntaremos: ¿Cómo he podido soportar ESO tanto tiempo...? ¿Por qué no lo he dejado mucho antes... ?  
Para evitar caer en ello, es bueno detenerse a reflexionar, periódicamente, acerca de nuestra situación en la vida: ¿soy feliz? ¿he perdido o ganado ilusión? ¿qué pasos y actitudes me han traído hasta este momento presente, cuales me benefician y cuales no? ¿es éste mi proyecto vital, son las ideas de futuro que tenía hace unos años? ¿estoy mejor o peor que antes? ¿qué o quiénes me frenan y desgastan, qué o quiénes me dan alas y me ayudan? El simple hecho de dedicar un poco de tiempo y espacio a pensar sobre ello nos ayudará a hacer conscientes muchas cosas y a reconectarnos con nuestras metas y sueños. Es muy útil, aunque cueste, detectar y ser muy honestos/as con la retahíla de excusas y justificaciones que nos estamos poniendo para permanecer en la olla de agua caliente: "ya cambiará...", "esto es lo que hay...", "es normal...", para conocer y desenmascarar los miedos y condicionantes que nos están manteniendo atados/as a la situación dañina. Puede también ser útil hacer una lista de las pequeñas cosas del día a día que nos dañan o nos molestan, y valorar en qué medida nos están amargando la vida. También lo contrario ayuda, hacer un listado de las cosas agradables y enriquecedoras que están presentes ahora mismo en el día a día. Otro paso importante, una vez que recordemos hacia dónde vamos, es desarrollar la determinación, las ganas y el compromiso firme de ponernos en marcha para buscar y poner en práctica nuestras verdaderas opciones, caminos y proyectos. ¿En que tipo de vida nos gustaría estar inmersos/as? ¿Cómo es nuestro día a día soñado, feliz? ¿Hay mucho dinero en él, o mucho tiempo libre, o una pareja, o buenos amigos, hay aventura, hay calma, hay acción, hay descanso, hay crecimiento interior, hay viajes...? ¿Qué cosas hay en TU proyecto de vida futura? Es momento de recordar, conectarnos, comprometernos y crear... esa realidad que nos hará sentir instantes diarios de felicidad y paz, sea la que sea para cada uno/a de nosotros/as.


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