domingo, 11 de octubre de 2015

¿Malestar tras una sesión de terapia psicológica?

En muchas ocasiones, las personas salen de sus sesiones de psicoterapia con una sensación de alivio, tranquilidad o bienestar. En otros casos, es posible que la persona sienta al abandonar la consulta su mundo interior revuelto, caótico o confuso... o que note malestar emocional, ansiedad o cierta tristeza. En caso de ocurrir, suele pasar en algunas de las primeras sesiones, o bien tras alguna sesión especialmente intensa en la que se hayan tratado emociones o recuerdos dolorosos o poco elaborados por la persona. Entonces, pueden preguntarse si es malo o peligroso salir de psicoterapia con sentimientos de malestar. La respuesta es que no, en general ni es peligroso ni es malo. Cuando aparecen estas sensaciones, como norma general deben considerarse una parte normal del proceso en el que se está inmerso. Además, lo habitual es que vayan desapareciendo rápidamente a medida que avanza la terapia. Muchos terapeutas consideran que las sesiones que consiguen mover esas emociones y en las que la persona sale con carga emocional son muy positivas para avanzar con rapidez en la sanación antiguos miedos, traumas y sentimientos enquistados que están en la base del problema. Por eso, como vamos a ver, no hay por qué desanimarse con el proceso ni entender esta situación como algo anormal, peligroso o permanente, salvo que sea una sensación recurrente, que no se mitiga en las siguientes horas o días, o muy intensa.

A un médico se va con un dolor y se espera salir de la consulta con un remedio que calme el malestar, pero de la consulta del psicólogo se puede salir a veces sintiéndose peor de como se ha entrado: removido, con ansiedad, con tristeza... En la consulta las personas comparten sus temores más profundos, sus pensamientos más privados, traumas dolorosos y muchas emociones perturbadoras. Son vivencias que pocas veces o ninguna se han compartido de manera tan clara y tan directa. Es por lo tanto normal, necesario y muy positivo a la larga que alguna vez, tras conectar con todo esto en el proceso de psicoterapia, se desencadenen pensamientos o emociones de malestar. Se remueve lo que estaba tratando de ocultarse, de no escucharse, de no verse. Y antes de que todo el material doloroso vuelva a asentarse y se produzca la curación definitiva, pueden atravesarse momentos de dolor, de confusión, de desequilibrio. Y no es agradable en esos momentos, pero si ocurre, es porque es necesario sentirlo así, dar espacio a lo que permanecía latente, sin integrarse y oculto. 

Una de las maneras en que puede ocurrir ese proceso es por ejemplo un hombre haya estado hablando durante esa sesión de terapia acerca de su padre duro, muy crítico y con quien siempre se sintió inseguro y con la autoestima profundamente herida, reviviendo ese dolor es normal que al salir de la consulta puedan venirle por ejemplo más recuerdos dolorosos relacionados con el padre, y sentimientos de tristeza, rabia... Todo ello puede hacerle sentir triste o ansioso o enfadado el resto del día o en días siguientes, pero a la vez estará también activando sus propios mecanismos de integración y de curación para asimilar todo lo que ha ido surgiendo y para darle un nuevo sentido y comprensión a su problema. Puede quizás empezar a tratar de comprender en por qué su padre se comportaba así, recordar cómo su abuelo trató a la vez a su padre, entender que él tiene su autoestima igual de dañada... yendo más allá cada vez... hasta quizás con el paso de los días empezar a comprender lo que ocurrió, a aceptarlo, y puede que a perdonar o perdonarse... y más adelante decidir que él se superará a sí mismo y recuperará toda su seguridad y su poder personal. 

Lo más habitual es que en las siguientes horas o días el malestar vaya disminuyendo hasta desaparecer a medida que la persona va integrando el material doloroso o problemático. Es un proceso que suele darse de manera natural y progresiva, igual que una herida física sana por sí misma. Si se necesita, es buena idea realizar alguna técnica de relajación, escritura terapéutica, autoafirmaciones positivas, liberación emocional... o cualquier otra que se conozca o que sugiera el/la terapeuta para manejar y disipar el malestar. Siempre que esas emociones o pensamientos no desborden emocionalmente a la persona, no le impidan hacer vida normal, sean poco intensos, o bien ocurran solo de manera puntual durante la terapia, o desaparezcan en poco tiempo, no es necesario hacer nada en concreto para intervenir. Una cosa diferente es si se nota que la relación con el/la terapeuta se ha vuelto incómoda, insegura, molesta o poco empática, en cuyo caso lo aconsejable es hablarlo con él/ella para solucionarlo, o incluso cambiar de profesional para proseguir la terapia.

Si se diera el caso de que el malestar es muy recurrente o demasiado intenso, os dejo unos consejos y pautas generales que podéis valorar seguir:
-En los casos en que el malestar llegue a ser muy intenso o se prolongue durante muchos días, puede ser muy adecuado adelantar la siguiente sesión de terapia. Otra opción es contactar con el/la terapeuta de manera telefónica, por mail... para comentárselo y poder recibir apoyo y contención emocional, y/ o pautas para manejar la pena o la ansiedad. 
-Si ocurre que el/la paciente siente que la terapia va más rápido de lo que puede afrontar o que surgen emociones y aspectos que no está listo/a para integrar, deberá comentarlo a su terapeuta para que el proceso se haga de manera más adaptada y pausada. También se buscará entonces generar recursos y habilidades en la persona para poder ir avanzando en el manejo del malestar al ritmo propio de la persona. Creo que cualquier buen terapeuta comprenderá y agradecerá una comunicación sincera y un diálogo abierto a este respecto por parte de sus pacientes. 
-Si el malestar se repite en muchas sesiones a lo largo del proceso de terapia, se le debe comentar claramente lo que se está sintiendo al/la terapeuta para analizarlo y hablar sobre la mejor manera de trabajarlo. 
-Como se ha comentado arriba, si pasado el tiempo, o si de manera intensa se siente que no se conecta con ese/a terapeuta en concreto o que esa terapia en concreto causa malestar o incomodidad, se deberá valorar cambiar de profesional y encontrar alguno/a con quien encontrarse más cómodo, seguro, o con quien se note que fluye una mayor empatía, cercanía y bienestar para continuar el proceso personal. 

En todo caso, al proseguir con la terapia, en la siguiente o siguientes sesiones, con ese u otro terapeuta, lo más normal (siempre que haya comprensión, seguridad y empatía con la terapeuta) es que el malestar, sea cual sea su intensidad, vaya desapareciendo y llegue una nueva calma. Finalmente lo positivo de este malestar es que, cuando ocurre, esta exposición al dolor y al malestar de ahondar en asuntos no resueltos va fortaleciendo la psique de la persona de una manera progresiva e imparable. La persona va descubriendo y desarrollando espontáneamente sus propias maneras de superar e integrar su propio dolor. Se apropia conscientemente de su propia experiencia pasada y de su dolor. Ya no huye de él, si no que lo integra en su historia vital de manera armoniosa, consiguiendo por fin la curación y el equilibrio interior. Con los traumas y dolores del alma, lo terapéutico es dejarse sentir por fin el dolor que hasta ese día se había ignorado, contactar con la parte dañada o traumatizada y después acogerla, entenderla y sanarla.





Deja que cada quien pase por lo que tiene que pasar en el momento presente. Todo el mundo está agotado y desea descansar. Están cansados de luchar, cansados de fingir y de mentir, de tener que sostener, mantener y pretender, y grandes olas de energía están siendo liberadas a través de su cuerpo. 

Mantente presente con ellos. Olas de tristeza, desesperanza, miedo, vergüenza y culpa están emergiendo en este momento. Permite que todas esas energías salgan a la luz, deja que todo su cuerpo vibre, tiemble y se agite si es que así debe ser, deja que lloren, griten, rujan, rían, que se caguen en sí mismos si así es como tiene que ser. No les ofrezcas nada, excepto el regalo más grande de todos: tu apacible presencia. Quédate a su lado en cada respiración, en cada movimiento, momento a momento. Toma su mano, pero no hagas el intento de componerlos, de cambiarlos, de que dejen de experimentar lo que están experimentando, ni tampoco les ofrezcas respuestas prematuras. 

Honra el poder que se mueve dentro de ellos; valida su experiencia, absolutamente. Confía en la impredecible inteligencia del sanar, y sabe que sus 'síntomas’ podrían acentuarse justo antes de empezar a mejorar; que la energía podría intensificarse antes de apagarse. Lo que ahora aparece como caos y desintegración podría, de hecho, ser una liberación necesaria y reorganización inteligente de un sistema bloqueado. 

A veces, nuestros corazones necesitan romperse completamente para poder abarcar más vida, para poder aceptar un amor mucho más poderoso. Permite que tu cálida presencia le recuerde al otro su propia cálida presencia, tan estable, tan apacible, tan libre, tan profundamente arraigada en este mismo suelo, aquí. Recuerda que lo que realmente SON jamás podrá ser descompuesto, ni siquiera por la más intensa de las energías, y que tampoco pueden ser arreglados, y que la vida jamás comete errores, aunque de pronto parezca que todo ha sido un error. 

El amor es todo lo que importa. La lluvia cae, las estrellas explotan silenciosamente en la inmensidad del espacio, y aquí, en este diminuto planeta llamado Tierra, algunas veces nos encontramos y nos regalamos un abrazo, un apoyo, unas palabras.

- Jeff Foster-

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