lunes, 3 de diciembre de 2012

El síndrome de alienación parental. Manipular a un hijo/a en contra de uno de los padres

Hoy escribo sobre un "síndrome" (de momento no reconocido en los manuales psicológicos por no cumplir los criterios científicos necesarios, aunque cuenta con amplia bibliografía e investigación, y formulado por R. Gardner) desconocido y muy común entre padres separados, que se da más bien en las madres (porque tienen la custodia normalmente) y que deja cicatrices dolorosas en los hijos/as. 
Considerémoslo, si no un síndrome reconocido en manuales, sí un fenómeno o trastorno muy conocido entre psicólogos/as y psiquiatras forenses o educativos/as.

En todo caso, es un trastorno que se produce cuando las madres o padres usan al hijo/a para hacer daño a la pareja que lo despechó, o que no hace lo que ella/él quiere. Lo usan si escrúpulos, como un objeto manejable a su antojo y de su propiedad, para herir, pero acaban hiriendo al niño/a en lo más profundo: alejándolo de su otra principal figura de apego, tan necesaria para él/ella como el otro progenitor. Se considera una forma de maltrato infantil, y las autoridades podrían llegar a intervenir por ello.

En términos generales se define como el proceso destinado a romper el vínculo de los hijos con uno de sus progenitores; y se da cuando un progenitor aliena al hijo contra el padre, mediante descalificaciones, repeticiones de que el otro progenitor no sabe atender al hijo/a, que no le quiere, reduciendo las visitas, hablando mal de él/ella constantemente, chantajeando al hijo/a para que le desprecie, ridiculizando sus intentos por hablar bien del padre alienado...

En un caso típico la instrumentalización de los menores suele seguir el siguiente esquema: el progenitor que ostenta la custodia de los hijos, normalmente la madre, abusa de su posición e influencia sobre los niños para torcer sus sentimientos hacia el otro padre, destruir, sabotear y dificultar las normales y necesarias relaciones con el otro progenitor. Ésto ocurre frecuentemente cuando el alienador/a ve que su ex pareja rehace su vida con otra persona, o se tuerce de algún modo su relación con él. Entonces, pretende trasladar su propio odio irracional al hijo/a.

Según los expertos/as en este tema, para un niño las secuelas del Síndrome de Alienación Parental, son peores que si sufriera la desaparición física de un padre, debido a un accidente o enfermedad, porque en ese caso aún puede conservarlo en su mente o recuerdos como un modelo o referente, mientras que la destrucción maliciosa del vínculo con el otro padre, elimina ese modelo del todo y altera gravemente el desarrollo armónico de la personalidad infantil”.

Si no se interviene, el niño/a queda abandonado y crecerá con pensamientos disfuncionales. No es cuestión únicamente de que el niño podría no llegar a establecer jamás una relación positiva con el padre alienado, sino que sus propios procesos de pensamiento y sus sentimientos autónomos han sido interrumpidos y coaccionados hacia patrones patológicos.
El síndrome de alienación parental puede inducir en los hijos/as víctimas una depresión crónica, trastornos de identidad y de imagen, sentimientos profundos de culpabilidad y de aislamiento, insomnio, problemas digestivos, ansiedad, comportamientos hostiles e (raras veces) incluso el suicidio.

Los niños y niñas son muy sensibles, y hay que tener mucho cuidado con el daño que se les pueda causar de pequeños/as, porque les marcará de por vida, como a todos/as nos han marcado las relaciones con nuestros padres y madres. Si es necesario buscar ayuda profesional, busquémosla, pero no les hagamos sufrir sin motivo. 
Si alguien se reconoce en estos comportamientos, que reflexione y de marcha atrás, por el bien de su hijo/a. Hacer que un hijo/a opine igual que nosotros mediante chantajes, mentiras y manipulaciones no les hará querernos más a nosotros/as ni les resultará beneficioso en ningún sentido. Al contrario, les estamos causando un daño que en el futuro será difícil de reparar.


Cuidémosles lo mejor que podamos, cuidemos su cuerpo pero tambien su mente y sus emociones, para ayudarles a ser personas felices y vivir en paz. Un hijo/a necesita tener la atención y apoyo de ambos padres para un desarrollo sano. 

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